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Felicidad

Que rápido vas canija Que no te puedo alcanzar. Corres por los montes Como nadas por el mar.
De no ser porque en las alas De tu espalda un balazo yo te di, Alzarías el vuelo y majestuosa Escaparías de mí.
Tómame de la mano No me dejes aquí, Sin esperanza de seguir.
Curemos juntos las heridas Que no termine esto así, Pues es el riesgo por vivir.


Miguel García

Destierro

Amargo es el vino del destierro, Cada tarde una copa bebo Para recordar el lugar del que yo vengo. Una laguna de agua clara, árboles y cerros.
El frío calaba hasta los huesos, La lluvia empapaba los recuerdos, La juventud abrigaba esos momentos Y el café acompañaba un par de cuentos.
El mundo era muy pequeño, Se recorría en una tarde sin sueño Y regresar a casa a cubrirse del invierno
En esa hora que aún no es de noche, En esa hora que ya no es de día, Era la hora en que mi alma gritaba de alegría.



Miguel García

Nubes Negras

Al horizonte nubes negras, Borrasca incontenible, Un mar salvaje de olas bravas. Presagio de un dolor indescriptible.
Aún es tiempo de un golpe de timón Aún es tiempo de amarrar las velas, Que se entere la tripulación Que al horizonte sólo nubes negras.
¡Pero que terco el corazón! Que no entiende de estas penas, Y va luchando sin razón, Entre espesas nubes negras.
Hay ocasiones en que el sol Se pone, antes de que amanezca. Y otras tantas como hoy, Lo devoran nubes negras.


Miguel García

Así...

“Qué injusta, qué maldita, qué cabrona es la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos”. Carlos Fuentes.

Oración

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Anónimo

El encuentro

Quieto, impavido ante el inevitable encuentro como un raton que ha sido descubierto robando el queso, como una golondrina que perdio el verano y en su nido queda adentro. Así me encuentro yo, como un infante que observa su globo ser devorado por el cielo.

A cada paso de tu andar crece no sólo el sentimiento sino la angustia, la pasión y el miedo.

Ahora que si mi brazo alzara seguro estoy que te tocara, recuerdo que soy un hombre y recupero el valor que me faltara, como el ratón que de un salto escapara, como la golondrina que valiente volara, así yo fijo mi mirada a tu mirada, en el instante justo que tu hombro a mi hombro rozara.

Es la plenitud de este momento la que me hace disfrutar por un breve lapso de tiempo, tan efímero como el beso del viento, la felicidad que debe disfrutar el que a la muerte va convencido que es su tiempo.


Miguel García

Monte - Rosa

De la infancia brota un recuerdo, una memoria que al olvido burla y se logra de escapar; viene a toda prisa, empolvada, recorriendo un camino construido treinta y tantos años atrás, un camino sin asfalto, un callejón de tierra y nada más.
Tan largo es el camino, que por un minuto se detiene a descansar, se quita un poco el polvo, se arregla como puede su vestido y a un lado del camino, de su armónica como un suspiro, una suave melodía se logra de escuchar.
Bebe tal vez un poco de vino –tal vez no, seguro que fue vino- fija la mirada al frente y decidida sale a atacar nuevamente ese camino construido treinta y tantos años atrás, un camino sin asfalto, un callejón de tierra y nada más.
A su paso encuentra otra memoria y otra más y alegres se unen a su marcha y a cada instante aparece una nueva compañera cada vez con menos polvo, pero siempre con el mismo vestido, un fino rebozo de oro tejido en San Antonio Soledad.


Ahora ya se ha armado un alboroto, tantas memorias para recordar, incluida l…